La camorra de Mourinho
18 agosto 2011 Dejar un comentario
“Portugal puede jugar de maravilla durante un par de partidos. Incluso sus defensas presumen de anotadores. (…) Por desgracia, al tercer partido ya están insultando al árbitro. Pocas selecciones se sienten tan poco responsables de sus problemas”. Son palabras de Juan Villoro, en su ‘Dios es redondo’, escrito en 2006. Palabras premonitorias respeto a José Mourinho, The Special One, el elegido por los dioses, el gran embajador portugués. Cuando el deporte español había abandonado la furia y sus referencias testiculinas, Mourinho lo está arrastrando a la guerra de trincheras y al “fútbol es para hombres”. Gran entrenador y analista magistral (el mismo Robson y Van Gaal elogiaron siempre esta faceta suya), el luso se caricaturiza a él mismo. Ayer planteó un gran partido, pero envileció en los minutos postreros, con una derrota que, como siempre, no se responsabilizó.
Mourinho ha empequeñecido al Madrid. Era la primera vez que el portugués aterrizaba en una institución que le superaba, pero con sus guardaespaldas portugueses, Rui Faria, Silvino Louro y José Morais, y el portavoz español, la cara visible, Aitor Karanka, ha ido sumando poderes hasta convertirse en el amo y señor del club blanco. Pero él y sus ayudantes son meros mercenarios (que no trabajadores) que cumplen un contrato y recogerán sus bártulos para irse donde les llame el dinero. Es por que Louro se permite el lujo de empujar a Agustín Herrerín, delegado histórico del Madrid, o Faria provocar a Manolo Preciado o a los jugadores del Barcelona. Macarras al servicio de The Special One, ya que el fin justifica los medios. Y si bien deja trofeos en los museos, exprime a sus plantillas hasta ahogarlas y destroza la imagen de la institución.
Mourinho se mueve en el terreno de las pasiones más primitivas, por eso arrastra a tantos seguidores, quienes durante 90 minutos experimentan los desfogues emocionales más extremos. El virtuosismo de una forma de entender el fútbol ha dejado paso a la camorra de Mourinho. Y, tal como espetó ayer Guardiola, “algún día nos haremos daño, y más bien fuera que dentro del campo”.