Viejas sensaciones volvieron a Madrid el pasado 27 de diciembre. En una mista tarde regresó el 2 a 6 del FC Barcelona al Real Madrid, así como la ovación del público blanco a un conjunto azulgrana. El rapapolvo del Regal FC Barcelona al Real Madrid pasó como un ciclón por Vistalegre y se esfumó sospechosamente como el viento en la opinión pública. Era un partido que más allá de su valor numérico –el Barça habría continuado líder en caso de derrota- tenía muchos (demasiados) valores intangibles sobre el parquet. Con la débil situación económica que han vivido (y malviven) demasiados equipos de la ACB, la anhelada bipolaridad de Barça y Madrid era de esperar. Con la llegada de Florentino Pérez y su crédito ilimitado volvió la ilusión en Vistalegre. Se contrató a Ettore Messina, la prima donna de la sección. Y a partir de su figura se fraguó un proyecto a tres años, pero con necesidades de palmarés urgentes. Se contrataron figuras contrastadas y curtidas en todos los frentes así como a jóvenes talentosos que sintieron la “llamada Messina”, como es el caso de Velickovic.
La bipolaridad era exagerada: con comparaciones estadísticas de ambos equipos semana tras semana, reportajes de jugador por jugador, las mismas preguntas en las ruedas de prensa… Y caprichos del destino, el calendario empareja a Madrid y Barça un 27 de diciembre, en un domingo sin fútbol y con toda la atención mediática (toda aquella que no está de vacaciones) a su disposición. El Madrid se presentaba con numerosas e importantes bajas, pero todo el mundo esperaba un partido ciclotímico, como los de antaño con Iturriaga, Fernando Martín, Epi, Davis… Pero el baño del Barcelona fue histórico. La bipolaridad se hundió estrepitosamente y algunos ríos de tinta se frenaron para no percutir en una extraña sangría que fomentaba una bipolaridad altamente rentable. El Barcelona despidió un año 2009 glorioso para el club, a la vez que envió un mensaje autoritario para 2010 y ganó todos los aspectos tangibles e intangibles habidos y por haber. “Vamos a alargar los ataques 24 segundos, ¡como los pobres!”, espetó Messina a sus jugadores en uno de los últimos tiempos muertos. No quería que el Barça tuviera el balón y, resignado, se unió a la mayoría de los equipos que se enfrentan al Barcelona de Xavi Pascual (posesiones largas, ritmo de juego lento…). Messina tiene un estilo muy definido, y para nada es el de alargar posesiones y ralentizar el juego, “como los pobres”. El técnico abandonó su manual ante el vendaval azulgrana, fue él quien se tuvo que adaptar al estilo del Barça (acción muy loable que dignifica, una vez más, su tarea). Pero sus jugadores, más allá de obedecer, en los dos siguientes ataques el balón duró cinco segundos (en la tónica de todo el partido menos en los primeros cinco minutos que aprovecharon el pick & roll con Lavrinovic). Un jugador profesional tiene la obligación de acatar a rajatabla los mandamientos de su entrenador en cualquier situación, y el pasado domingo muchos de los jornaleros a sueldo de Florentino dimitieron y dieron una imagen preocupante, como se ha visto corroborada contra el Estudiantes. Florentino edificó el proyecto a partir de Messina, pero no acabaron de escuchar todas sus peticiones, como por ejemplo echar a Bullock. El proyecto Messina vive sus peores días, pero Messina es capaz de resurgir de sus propias cenizas. Será el cómo resurgir lo que marcará la trayectoria del Madrid.










